viernes, junio 10, 2005

¿Y qué carajo es el mate? | 2

Sindicato del Mate
El hábito es de origen indígena, y los guaraníes lo llamaban caiguá (agua de yerba). Loa bombilla, entonces compuesta de una caña de tacuara muy fina en cuyo extremo se colocaba un carozo o semilla de fruta agujereada que servía de filtro, era llamada tacuarí.

Los españoles miraron el hábito con fuerte prevención, considerando el mate una bebida maligna o una suerte de droga indiotizante (¡?), y las autoridades eclesiásticas llegaron a prohibir su consumo como pecaminoso. Sin embargo, los sacerdotes jesuitas promovieron el cultivo de Ilex paraguarienses o yerba en la Misiones paraguayas, y el consumió de mate, que se propagó a otras zonas. La antigua costumbre, lejos de debilitarse, se extendió a la población de origen europeo, en especial la radicada en el medio rural.

Las virtudes o inconvenientes del mate siguen siendo objeto de discusión científica; si por una parte parece comprobado que facilita la digestión, por el otro la abundancia de cafeína que posee la yerba (2,5grs por Kg. de yerba) hace que, bebido en exceso, resulte irritativo y perjudicial. El mate y sus aditamentos se fueron convirtiendo en parte de los utensilios de uso común entre la población rural de la amplia zona señalada, y más tarde se extendió a las ciudades, superando cualquier distinción de clase o posición.

En ese proceso del mate fue haciéndose cada vez más refinado; la calabaza fue colocada sobre hermosos posamates de cuero repujado, en la boca se le colocaron adornos de metal –y a veces de plata y oro- y las bombillas se convirtieron en piezas de orfebrería fina; la caña original dejó paso a los metales preciosos.

La popularidad del mate no se debe únicamente a su sabor, a su carácter de compañero de las horas solitarias o a sus virtudes digestivas y como excitante; es también una oferta amigable, un vínculo de confianza entre lo que participan de la “rueda”. Hay una vasta literatura sobre el carácter vinculante y fraterno del hábito, y en su persistente popularidad ha dado motivo de reflexión a los sociólogos.

Publicado en Gran Enciclopedia del Uruguay, tomo III, pág 1037.

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